31Ago
Ser agil no es una cuestion de moda es una filosofia de trabajo
Por: E. Alex García agosto 31, 2017 En: Noticias y Eventos Comentarios: 0

Desde hace algunos años las empresas dedicadas al desarrollo de software han venido mostrando gran interés por los métodos ágiles. Scrum master o un product owner son conceptos que adquieren valor para quien desea ser más ágil.

No es casual que las consultoras que ofrecen asesoramiento experto para la transformación, al igual que las certificaciones y cursos, se esfuercen en incorporar la palabra “ágil” en su oferta. Incluso, hay quienes han adoptado estos métodos como una moda, convencidos en la efectividad de estos procedimientos, mientras que otros se conforman con seguir un patrón del sector.

Los métodos ágiles tratan de dar respuesta a los problemas históricos del desarrollo de proyectos, cuya raíz está en la incertidumbre. Desaprovechar la oportunidad de ser verdaderamente ágiles para quedarse solo en lo superficial es un enorme desperdicio. No se justifica invertir recursos y tiempo en aplicar nominalmente unas técnicas que podrían resolver sus problemas para luego terminar en el insatisfactorio estado inicial.

En este sentido, lo primero que hay que comprender es que “ágil” no es un método o una receta, sino más bien una filosofía que afecta a muchos aspectos de la forma de trabajo en equipo. No se trata simplemente de cambiar las metodologías tradicionales por las ágiles, de querer ser ágil sin tener que ser ágiles.

Como sabemos, la misión del agilismo consiste en ayudar a los equipos a explotar al máximo su potencial y su productividad. Aplicar Scrum puede parecer difícil para quien no quiere salir de la zona de confort. No hay excusa válida que nos impida hacer Scrum. El gran problema a la hora de ponerlo en práctica es la disciplina.

Ser ágil no es sencillo, dependiendo del contexto puede ser un cambio cultural importante, que obedece también a la idiosincrasia de las personas y de sus capacidades. Un ejemplo de esto, es que no todo equipo es adecuado para trabajar con Scrum, hay equipos que les cuesta lidiar con la libertad, el compromiso y la responsabilidad, de la misma manera que proyectos, negocio y dirección pueden hacer que no sea adecuado trabajar con Scrum. Hay personas con Scrum en su ADN, personas escépticas pero con curiosidad y personas claramente contrarias a Scrum, sólo es recomendable trabajar con Scrum con miembros de equipo de los dos primeros tipos, y aún así, sólo es recomendable si todos pueden y quieren aprovechar esa oportunidad.

Ser ágil requiere disponer de personas que están realmente dispuestas a trabajar en equipo y abiertas de mente, que tengan ganas de probar cosas nuevas, de aprender y de mejorar.

De igual modo, no basta con tener un personal certificado en metodologías ágiles, pues los cambios organizacional y cultural en las empresas es lo realmente retador cuando se quiere ser ágil. Es retador porque esos cambios tienen que ver con personas e interacciones. Más que focalizarse en los procesos de trabajo por encima de todo (como tienden a hacer los métodos tradicionales), los métodos ágiles asumen lo que empíricamente sabemos de la realidad de los proyectos: la necesaria colaboración continua del cliente (no sólo al principio y al final del proyecto), la realidad de que va a ser necesario realizar cambios durante el proyecto, que el papel finalmente no “lo aguanta todo”, que el “momento de la verdad” sólo es cuando enseñas al cliente alguna parte de producto final.

En resumen, la filosofía Agile aparece como reacción a planteamientos de gestión tradicionales, heredados de la ingeniería clásica, que no tienen tanto en cuenta el factor humano (capacidades, relaciones) que hay en entornos de gran incertidumbre. Se trata de abandonar esa visión microscópica ampliamente difundida de la gestión de proyectos clásica de “comando y control”, enfocada en el cumplimiento de tiempos e hitos intermedios que muchas veces no tienen nada que ver con el producto y mucho menos con el cliente, de proyectos que solo son “vistos” a través de herramientas y procesos predictivos, y comenzar a mirarlos con los ojos del cliente, con el lente del Valor del producto para el negocio, y de las entregas continuas de producto con calidad.

Este cambio es un proceso  lento y  orgánico que siguiendo los principios de inspección y adaptación ofrece resultados realmente extraordinario. Si está interesado en conocer más de los beneficios de las metodologías ágiles no dude en contactarnos, con gusto lo orientaremos al respecto. 

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